Chopin.

06 octubre 2026

Pedro Pablo


Cuando alguien muere, no muere oculto, extraño, solo, porque su muerte nos salpica, y algo también muere en nosotros.
Estamos hoy en este cementerio donde no hay tristeza, ni soledad, ni alegría, ni los muertos están, ya sólo quedan sus despojos. Sólo hay serenidad imperturbable, como una niebla fina flotando sobre lápidas y estatuas, que tantas cosas gritan en silencio.
Las fechas no hablan ya, ¿qué han de decirnos?, nació, murió, los años y los días ni definen al muerto cuando muerto, ni perfilan su imagen cuando en vida.
Sobre la tierra, el mármol o el granito, la división de clases, jerarquías, más para beneficio de los vivos, los muertos ya igualados en cenizas, son incapaces de ver la diferencia entre rosas lozanas y marchitas.
La muerte, episodio final de la vida, anhelada a veces, buscada por algunos, indeseable para otros, separación dolorosa para aquellos que se quieren, sin embargo, es una separación material de algunos “instantes”. Cada vez que junto a nosotros se presenta, clava un lacerante aguijón en nuestras almas.
Si hay algo que se puede aprender de la muerte de un ser querido, es a vivir de la manera más plena posible el día que tenemos hoy.
Vivamos nuestra vida, perdonemos, enmendemos nuestros errores, digamos un te quiero, hagamos realidad nuestros sueños en la medida de lo posible y esforcémonos por vencer todo obstáculo en el camino, porque tenemos la certeza que un día la muerte también va a venir por nosotros.
Hagámoslo hoy, no perdamos el tiempo esperando a un mañana que nunca llega, los después no existen.
Ahora Pedro Pablo, va a recorrer los espacios y visitar los mundos con toda libertad en una vida etérea, imperecedera e inaccesible a los sufrimientos Te has ido, hermano, imperceptiblemente, sin ruido, sin adiós, sin movimiento, como se va la sombra, como se nubla el cielo, con ese despertar a otro mañana que inicia nueva vida desde cero, hoy no te has despertado de tu sueño, hoy te ha tomado de la mano el ocio y te reclina en su descanso eterno, has emprendido el vuelo sin escalas, a un país que ha proscrito los dolores, tu rol acá ha terminado y ahora debes incorporarte a la vida de eterna felicidad. Era tu hora, casi anticipada por la gradual fragilidad del cuerpo.
Esto es mucho más complicado de lo que pensé, decirte estas palabras sabiendo que serán las ultimas que podré dedicarte, este es un suceso que uno nunca piensa posible. Ahora todos los que te queremos tenemos que afrontar una realidad que no se espera y es realmente un paso muy duro de dar. Espero que podamos encontrarnos en el otro plano y nos contemos lo bien que nos ido.
No sé cómo decirlo, pero voy a tratar de explicártelo, aunque no nos enseñaron a demostrar los sentimientos, ni a decir te quiero, mucho menos a darnos un abrazo de hermanos, pero te tengo que decir que de verdad lamento mucho nunca haberte dado un beso, de no haber convivido más contigo, de no conocerte. Me habría gustado que hubiéramos sido hermanables, hay muchas interrogantes en mi vida, que se quedarán ahí, ya no necesito respuestas pues tú ya no estarás aquí.
Hoy todavía mi cabeza se niega a entender razones, esta cantidad de sentimientos sin razonamiento mucho menos entendimiento
Es por eso que ahora lo hago de este modo, del que se, PEDRO PABLO, ABRE TUS ALAS Y VUELA, ERES LIBRE, no me despido porque sé que algún día estaremos juntos de nuevo.
Te mando un apretado abrazo a la distancia y la promesa de volvernos a ver.
Hasta entonces.

Un aniversario de boda es la celebración del amor, el sacrificio, la confianza, el disfrute de la compañía de los demás, tolerancia, paciencia y tenacidad, es celebrar el tiempo que dos personas están juntas llenas de amor y respeto. Hoy, cuando la solución a los problemas maritales se ha convertido en divorcio, cumplir un año más de casados es algo maravilloso que merece celebración.

Olvídalo


Las resacas que dejaron las tormentas de este año…
Los pasos tambaleantes, los pasos retrasados, los pasos hacia atrás…
Las veces que pasamos ignorados, inadvertidos, lastimados…
Los sueños consumidos, las ilusiones hechas cenizas, los intentos hechos polvo y el amor hecho recuerdo…
Las veces que latió nuestro corazón y nadie se dio cuenta, que quisimos hacer y no nos dejaron, que abrimos los ojos y nos cerraron los párpados…
Las estrellas apagadas, los días opacos, el tiempo en blanco, la luna dividida y las horas lentas…
El manto de insignificancia, de masa, de anonimato… de rutina…
Las espinas largas y hondas, los secretos angustiosos y tristes, las piedras altas e insalvables…
Las semillas que se te quedaron dormidas, los vuelos que se nos quedaron a ras de tierra, las rosas que se secaron antes de tiempo…
La cáscara de la semilla, el lucimiento de la vanidad, la máscara del hombre y el ropaje de la verdad… ¡olvidémoslo!
Parémonos en la proa de nuestro barco, levantemos de nuevo las velas, miremos hacia lo largo y lo ancho del mar…
… cuando nos convenzamos de su inmensidad encontraremos otro camino y, cuando miremos al cielo seremos gaviota que apartándose de todo encuentra el camino.
Con el pasado aprendes, con el presente renaces y con el futuro sueñas.
Vivir empezando, es la forma de llegar.
Lo demás… ¡Olvídalo!

Luis Castellanos



He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparán por mí. 
He aprendido que se pueden requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla. 
He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida no son las cosas que tengo alrededor, sino las personas que tengo alrededor.
He aprendido que puedo encantar a la gente por unos 15 minutos, después de eso necesito poder hacer más. 
He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede, sino lo que hago al respecto. 
He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante y que pueden ocasionar dolor durante toda una vida. 
He aprendido que es mucho más fácil reaccionar que pensar… y más satisfactorio pensar que reaccionar. 
He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas, podría ser la última vez que las vea. 
He aprendido que por apasionada que sea una relación en un principio, la pasión se desvanece y lago más debe tomar su lugar. 
He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que estén convencido, a pesar de las consecuencias. 
He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica. 
He aprendido que el dinero es un pésimo indicador del valor de algo o (a) alguien. 
He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caído, son aquellas que me ayudan a levantar, y aquellas que creo que me van a levantar son las que me patean. He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojada, más no el derecho de ser cruel. 
He aprendido que el verdadero amor y la verdadera amistad continúan creciendo a pesar de la distancia. 
He aprendido que simplemente porque alguien no me ame de la misma manera en que yo quisiera, no significa que no me ame a su manera. 
He aprendido que la madurez tiene que ver más con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos. 
He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos, pocas cosas tan humillantes y que tragedia si se los creyera. 
He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimada por él y debo saber perdonar ello. 
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonada por los otros, a veces tengo que perdonarme a mí misma. 
He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor. 
He aprendido que no tengo que cambiar de amigos si comprendo que los amigos cambian. 
He aprendido que dos personas pueden mirar la misma cosa y ver algo totalmente diferente. 
He aprendido que sin importar las circunstancias, cuando soy honesta conmigo, llego más lejos en la vida. 
He aprendido que aún cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo (hijo) pide ayuda, logro encontrar la fuerza para ayudarlo. 
He aprendido que tanto escribir como hablar alivia los dolores emocionales. 
He aprendido que los títulos sobre la pared no nos convierten en seres decentes. 
He aprendido que es muy difícil determinar dónde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo. 
He aprendido que..... debo seguir aprendiendo
Para todas ustedes

Una mamá es aquella que con la caricia tierna de su mano cansada y el conjuro bendito ese que tiene el poder más grande del mundo, el sana, sana potito de rana...todo cambia de color y el dolor desaparece, la tristeza se disuelve, la nostalgia se esfuma y la alegría toma su lugar.

La que es capaz de transformar la oscuridad en luz, la noche en día el llanto en risa, …, ...,...

Esa con su mano ajada que a pesar de los años sigue tan tersa y cálida, que posee el dulce encanto de hacer desaparecer el miedo, de convertir agua y dos papas en la más exquisita sopa o un simple huevo en auténtico caviar.

La que tiene la magia de transformar trapos en trajes de novia, cortinas viejas en hermosas cubrecamas y noches frías en gratificantes sueños.

Esa que con su discurso permanente fastidia como chicharra, sermonea sin condición, se complace en torturar bañando (para Rodri) y sonando narices , la que "joroba"por el pololo y por los tragos de anoche que no la dejaron "pegar los ojos"; la que se convierte en acusadora, en conciencia y que no da tregua ni en vacaciones, y después de todo eso empieza a ensayar cantos de cuna para malcriar nietos y justificarlos.

Esa voz que llora en cada bienvenida y anega en cada despedida, es la voz más irritable, pero más dulce del universo.

Esa figura, cansada de cargar años, dar bendiciones, no dosifica comida, ruido, ni consejos, es capaz de enfrentar el mundo por sus hijos.

No le importa el frío si puede dar calor. Llena su hambre viendo comer, descansa arrullando, hace suya la derrota, disfruta a escondidas y sin alarde la victoria, pone el pecho sin importarle las balas y se asoma por entre las horas esperando a quien no va a llegar con resignación, sin acusar al tiempo.

Es la madre... que no tiene envidia, no es petulante, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no goza de la injusticia, goza de la verdad, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta... es el amor que nunca deja de ser... es el amor de madre, es decir... es el amor en toda su expresión.
No hay anuncio más esperado ni noticia más maravillosa. No hay dulzura más resplandeciente ni ternura más primorosa. No hay mayor nobleza y nada más sublime que el anuncio de la concepción y gestación del nacimiento… no hay nada tan conmovedor como el comienzo de la vida.
Un latido nuevo, la emoción incontenible en los ojos de la mujer que lo revela; el abrazo entre los padres soñadores del milagro, el fundirse el uno en el otro en la amalgama descomunal de los agradecidos, palpando la suma de todo lo habido y por haber. Obra sagrada y perfecta de la humanidad elevada a su máxima expresión; almas transmigradas de concepción y gestación; forjadas a hierro impenitente del amor de todos los amores, en aleación indestructible y fundante del nido hecho de útero materno, el nido de amor más puro que en el universo se haya creado alguna vez, a manos del "Orfebre" de todo lo conocido y de todo lo por conocer, lumbre de amor por siempre y para siempre… Es la semilla echada en la tierra de las ensoñaciones de los enamorados, que siempre han imaginado la nacencia de pájaros inmortales volando a lo más alto, custodiados por los ángeles de las utopías y de las quimeras. Es la cintura ensanchada que obliga delicadamente a dar los pasos más lentos; es la matriz de paredes de oro de la madre que atesora y custodia la gema más preciada de todas, cultivada entre la piel y los huesos que la transforman en mujer sagrada. Es la vida que se asoma y nos muestra el milagro del nacimiento, por entre las náuseas y el insomnio, por entre los mareos y los pies hinchados. Es el gesto irredento de parir en el parto que destila sólo coraje para el esfuerzo más tremendo, es el jugarse la vida en el pujar de la bondad más honda y generosa, es el más extraordinario gesto divino que nos hace más buenos que nunca, que nos revela amos, dueños y señores de la comarca familiar que en mucho se parece a la felicidad más inmensa y formidable. Es el primer lloro del que nos hace llorar; es el primer ruego hecho al cielo pidiendo por su cuidado y resguardo; es la primera sensación de verdadera humildad ante la conciencia del soplo vital que nos ha sido concedido; es el temor a perder lo más adorado de entre todas las cosas adoradas; es el juramento y la promesa para que nada le pase; es el ofrecer nuestra propia vida a cambio de la vida de nuestra criatura del alma si algo irremediable le llegara a suceder. La felicidad del mundo es debido a los niños, y tengan la seguridad que esta felicidad estará siempre presente, viene el momento de dar un paso adelante y comenzar una nueva etapa en sus vidas será un camino lleno de alegría y también de mucha responsabilidad.
Mi más sinceros deseos para que disfruten cada día de la felicidad de ser padres.
Cuando nací lloré.
Luego empecé a descubrir el mundo. Primero con mi olfato, luego con la vista y las manos, más tarde con mis piernas; y finalmente con el corazón.
Más tarde experimenté por primera vez el miedo cuando empecé a caminar, mis piernas frágiles y débiles no podían sostener mis ganas de salir corriendo y comerme el mundo.
También empecé a reconocer olores, el de mamá por ejemplo, que me transmitía seguridad y todo el amor del mundo se encontraba recopilado en sus brazos.
Pero fuí creciendo y creo que lo hice muy de prisa, esa es la naturaleza de todo ser humano.
Empecé a hacerme fuerte y valiente.

También llegaron las típicas peleas con mi hermana mayor, la admiraba y ella no se daba cuenta. Por eso quería que mamá me vistiera como ella, quería verme igual de bonita y que el mundo supiera que ella era mi hermana.
El mundo me forjó con un carácter algo fuerte, pero también el miedo que sentí desde mi niñez se fue intensificando cuando entré al colegio.
Los profesores empezaron a enseñarme las tablas de multiplicar, los diferentes tipos de células y sus partes, a leer, a decir buenos días en inglés. Pero mamá tuvo la ardua tarea de enseñarme valores morales, de enseñarme la buena educación de decir los buenos días al llegar al colegio, de dar las gracias y pedir un favor. Aunque tuve muy buenos profesores en el colegio tuve a la mejor maestra de la vida: mi mamá.
Pero mamá no era perfecta y yo era muy contestadora, por eso mamá recurría a otros métodos de enseñanza.  Pero no la juzgo, tampoco la culpo, eso también me ayudó a forjarme como la mujer que puedo ser ahora.
Mamá estaba pendiente que me bañara bien, que fuera al colegio,  que hiciera mis tareas, que saludara al pasar, que diera las gracias, que me alimentara bien y que me rodeara de buenas amistades.
Al pisar la adolescencia conocí mi primera menstruación y con ella los cólicos. Pero vaya que mamá aparte de ser mi mejor maestra de vida era también la mejor doctora del mundo.
Siempre tenía la medicina perfecta para cada dolor, incluso para los dolores del alma porque su medicina principal no era otra que el amor.
Mamá siempre fué mi gran orgullo, me enseñó a superarme sin importar la edad o las circunstancias de la vida.
Pero el momento había llegado, conocí a un chico y con él otro tipo de amor, eso aseguraba distanciarme de mamá para empezar mi nueva vida y formar mi familia, pero al final esa relación no llegó a ningún lado. Y los brazos de mamá nunca me faltaron, tampoco sus palabras de aliento al decirme que ese chico no valía pena y que ya vendría alguién mejor y como siempre sus palabras estaban llenas de sabiduría y amor.
Pero los años fueron pasando muy deprisa, yo crecí y mamá también lo hizo.
Ya no es tan fuerte como antes, ya no tiene la misma energía que tenía cuando jugaba conmigo y me hacía cosquillas para calmar mi llanto.
Ya le duele su cintura y sus piernas quizás de tanto pasearme mientras me mostraba el mundo con el que un día me tenía que enfrentar.
Ya mamá está envejeciendo y al igual que en mi niñez los años van corriendo, tal parece que me la quieren arrebatar.
Pero lo que mamá no sabe es que sigue siendo mi heroína, aunque ya no posea la misma fuerza y energía de antes ella para mi siempre será la persona más valiente del mundo y a quien yo amaré eternamente.
Mamá
Eres mi orgullo
Mi amor
Mi fuerza
Y mi eterno refugio.
Eres mi paz
Mi aliento
Mi consuelo
Y mi más bello regalo.
Te amo eternamente. Mamá

Cosas de la vida.

 Me casé enamorada, muy enamorada, con el corazón lleno de sueños y las manos llenas de esperanza.

Y llegaron tres regalos, tres razones para amar: Loreto, Rodrigo y Paulina, mi manera de respirar. Pero muy pronto aquella casa dejó de ser un hogar, llegaron golpes y palabras, celos que no pude explicar.  I…, hacía cosas a escondidas y pensaba que yo también, me acusaba de sus propias culpas, sin razón y sin saber. “Esta es la última vez”, dije  mientras las lágrimas mojaban mi piel. 

Veinticinco años me costó comprender que también tenía derecho a renacer.

Me pidió perdón tantas veces, pero ya no era hora de volver.

Cerré aquella puerta para siempre y empecé, poquito a poco, a vivir otra vez.

No fue fácil dejar atrás

tantos años de dolor,

había heridas que no se veían, pero pesaban en el corazón.

Y aunque muchas noches pregunté qué había hecho yo para merecer, aprendí que nadie tiene derecho a romperte para querer.

Pasó el tiempo, pasaron los años, y la vida quiso sorprender. Una pantalla, unas palabras…

Quién iba a decirme entonces que después de tanto sufrir, el amor podía llegar tranquilo y enseñarme otra forma de vivir.

Hoy puedo decir: sin miedo, sin golpes, sin acusación.

Veintiséis años con otra persona, veintiséis años de otra canción.

Lo que un día fueron lágrimas hoy son recuerdos de ayer, porque después de tanta tormenta aprendí que también podía volver a querer.

Y a mis tres hijos,

Loreto, Rodrigo y Paulina,

les debo parte de mi fuerza,

mi razón para seguir.

Ellos estuvieron en mi historia, en mis noches, en mi verdad, y aunque la vida fue muy dura, también me enseñó a luchar.

Después de veinticinco años

me atreví a decir que no,

y después de tantos años

la vida me dijo que sí al amor.

Hoy miro hacia atrás sin vergüenza, sin culpa y sin temor, porque sobreviví a la tormenta y encontré después el amor.

Veintiséis años,

y todavía estamos aquí…

Quién hubiera imaginado

que después de tanto dolor,

la vida me guardaba

una historia de amor.

Una historia que comenzó

cuando pensé que ya era tarde…

y que hoy, después de veintiséis años, todavía me hace sonreír.

Algo importante.

 He decidido escribir estas palabras porque siento la necesidad de compartir con ustedes algo importante sobre mi salud emocional. No me resulta fácil abrirme de esta manera, pero creo que es necesario para que puedan entenderme mejor.

Estoy viviendo una lucha diaria con la depresión. Quiero que sepan que, aunque a veces parezca que no tengo ganas de nada, que estoy triste sin razón aparente, irritable, ansiosa o angustiada, no es porque no valore nuestra relación o su compañía. Son síntomas de algo mucho más grande que llevo dentro y que intento controlar, muchas veces más por ustedes que por mí misma.

Durante mucho tiempo he tratado de aparentar que todo está bien, de mostrarme fuerte y de continuar con mi vida “como si nada”. Pero la verdad es que me siento cansada de esconder lo que realmente siento. Me agota tener que ponerme una máscara todos los días, fingir entusiasmo cuando por dentro solo siento vacío, pena o ansiedad.

No les cuento esto para que se preocupen, ni para dar lástima, sino para que me entiendan y sepan que, aunque a veces me vean distante o de mal humor, no es algo personal. Es parte de lo que implica vivir con depresión. Sigo buscando ayuda y voy aprendiendo a convivir con esto, pero necesito su comprensión y paciencia.

A veces necesito estar sola, otras veces voy a necesitar compañía, o simplemente que me acepten en silencio. No espero que lo entiendan todo, solo les pido que no juzguen mis días malos y que sepan que estoy dando lo mejor de mí.

Gracias por estar, por su apoyo y por el amor que me demuestran de distintas maneras. Eso también es un motor para seguir adelante.

Pedro Pablo

Cuando alguien muere, no muere oculto, extraño, solo, porque su muerte nos salpica, y algo también muere en nosotros. Estamos hoy en este...