Chopin.

06 octubre 2026

No hay anuncio más esperado ni noticia más maravillosa. No hay dulzura más resplandeciente ni ternura más primorosa. No hay mayor nobleza y nada más sublime que el anuncio de la concepción y gestación del nacimiento… no hay nada tan conmovedor como el comienzo de la vida.
Un latido nuevo, la emoción incontenible en los ojos de la mujer que lo revela; el abrazo entre los padres soñadores del milagro, el fundirse el uno en el otro en la amalgama descomunal de los agradecidos, palpando la suma de todo lo habido y por haber. Obra sagrada y perfecta de la humanidad elevada a su máxima expresión; almas transmigradas de concepción y gestación; forjadas a hierro impenitente del amor de todos los amores, en aleación indestructible y fundante del nido hecho de útero materno, el nido de amor más puro que en el universo se haya creado alguna vez, a manos del "Orfebre" de todo lo conocido y de todo lo por conocer, lumbre de amor por siempre y para siempre… Es la semilla echada en la tierra de las ensoñaciones de los enamorados, que siempre han imaginado la nacencia de pájaros inmortales volando a lo más alto, custodiados por los ángeles de las utopías y de las quimeras. Es la cintura ensanchada que obliga delicadamente a dar los pasos más lentos; es la matriz de paredes de oro de la madre que atesora y custodia la gema más preciada de todas, cultivada entre la piel y los huesos que la transforman en mujer sagrada. Es la vida que se asoma y nos muestra el milagro del nacimiento, por entre las náuseas y el insomnio, por entre los mareos y los pies hinchados. Es el gesto irredento de parir en el parto que destila sólo coraje para el esfuerzo más tremendo, es el jugarse la vida en el pujar de la bondad más honda y generosa, es el más extraordinario gesto divino que nos hace más buenos que nunca, que nos revela amos, dueños y señores de la comarca familiar que en mucho se parece a la felicidad más inmensa y formidable. Es el primer lloro del que nos hace llorar; es el primer ruego hecho al cielo pidiendo por su cuidado y resguardo; es la primera sensación de verdadera humildad ante la conciencia del soplo vital que nos ha sido concedido; es el temor a perder lo más adorado de entre todas las cosas adoradas; es el juramento y la promesa para que nada le pase; es el ofrecer nuestra propia vida a cambio de la vida de nuestra criatura del alma si algo irremediable le llegara a suceder. La felicidad del mundo es debido a los niños, y tengan la seguridad que esta felicidad estará siempre presente, viene el momento de dar un paso adelante y comenzar una nueva etapa en sus vidas será un camino lleno de alegría y también de mucha responsabilidad.
Mi más sinceros deseos para que disfruten cada día de la felicidad de ser padres.

Pedro Pablo

Cuando alguien muere, no muere oculto, extraño, solo, porque su muerte nos salpica, y algo también muere en nosotros. Estamos hoy en este...