Cuando alguien muere, no muere oculto, extraño, solo, porque su muerte nos salpica, y algo también muere en nosotros.
Estamos hoy en este cementerio donde no hay tristeza, ni soledad, ni alegría, ni los muertos están, ya sólo quedan sus despojos. Sólo hay serenidad imperturbable, como una niebla fina flotando sobre lápidas y estatuas, que tantas cosas gritan en silencio.
Las fechas no hablan ya, ¿qué han de decirnos?, nació, murió, los años y los días ni definen al muerto cuando muerto, ni perfilan su imagen cuando en vida.
Sobre la tierra, el mármol o el granito, la división de clases, jerarquías, más para beneficio de los vivos, los muertos ya igualados en cenizas, son incapaces de ver la diferencia entre rosas lozanas y marchitas.
La muerte, episodio final de la vida, anhelada a veces, buscada por algunos, indeseable para otros, separación dolorosa para aquellos que se quieren, sin embargo, es una separación material de algunos “instantes”. Cada vez que junto a nosotros se presenta, clava un lacerante aguijón en nuestras almas.
Si hay algo que se puede aprender de la muerte de un ser querido, es a vivir de la manera más plena posible el día que tenemos hoy.
Vivamos nuestra vida, perdonemos, enmendemos nuestros errores, digamos un te quiero, hagamos realidad nuestros sueños en la medida de lo posible y esforcémonos por vencer todo obstáculo en el camino, porque tenemos la certeza que un día la muerte también va a venir por nosotros.
Hagámoslo hoy, no perdamos el tiempo esperando a un mañana que nunca llega, los después no existen.
Ahora Pedro Pablo, va a recorrer los espacios y visitar los mundos con toda libertad en una vida etérea, imperecedera e inaccesible a los sufrimientos Te has ido, hermano, imperceptiblemente, sin ruido, sin adiós, sin movimiento, como se va la sombra, como se nubla el cielo, con ese despertar a otro mañana que inicia nueva vida desde cero, hoy no te has despertado de tu sueño, hoy te ha tomado de la mano el ocio y te reclina en su descanso eterno, has emprendido el vuelo sin escalas, a un país que ha proscrito los dolores, tu rol acá ha terminado y ahora debes incorporarte a la vida de eterna felicidad. Era tu hora, casi anticipada por la gradual fragilidad del cuerpo.
Esto es mucho más complicado de lo que pensé, decirte estas palabras sabiendo que serán las ultimas que podré dedicarte, este es un suceso que uno nunca piensa posible. Ahora todos los que te queremos tenemos que afrontar una realidad que no se espera y es realmente un paso muy duro de dar. Espero que podamos encontrarnos en el otro plano y nos contemos lo bien que nos ido.
No sé cómo decirlo, pero voy a tratar de explicártelo, aunque no nos enseñaron a demostrar los sentimientos, ni a decir te quiero, mucho menos a darnos un abrazo de hermanos, pero te tengo que decir que de verdad lamento mucho nunca haberte dado un beso, de no haber convivido más contigo, de no conocerte. Me habría gustado que hubiéramos sido hermanables, hay muchas interrogantes en mi vida, que se quedarán ahí, ya no necesito respuestas pues tú ya no estarás aquí.
Hoy todavía mi cabeza se niega a entender razones, esta cantidad de sentimientos sin razonamiento mucho menos entendimiento
Es por eso que ahora lo hago de este modo, del que se, PEDRO PABLO, ABRE TUS ALAS Y VUELA, ERES LIBRE, no me despido porque sé que algún día estaremos juntos de nuevo.
Te mando un apretado abrazo a la distancia y la promesa de volvernos a ver.
Hasta entonces.