Señor Presidente electo,
El nombramiento de autoridades de gobierno no es un gesto simbólico ni una concesión política. Es una decisión estructural que define estándares éticos, fija límites claros y comunica, sin ambigüedades, qué conductas son aceptables para ejercer poder en nombre del Estado. Por esa razón, quienes acceden a cargos ministeriales deben exhibir una trayectoria personal y pública que resista el más alto escrutinio ciudadano.
Usted ha construido su liderazgo político sobre un discurso de orden, autoridad, consecuencias y rectitud moral. Ha sido enfático en señalar que el país necesita reglas claras, sanciones efectivas y autoridades que den el ejemplo. Ese discurso genera expectativas legítimas y eleva, de manera inevitable, el estándar al que deben someterse sus decisiones. La coherencia entre palabras y hechos no es opcional: es una obligación política.
En ese marco, el nombramiento de Natalia Duco como autoridad de gobierno resulta incompatible con los principios que usted declara defender. Su suspensión por dopaje es un hecho objetivo, acreditado y de conocimiento público. No se trata de una interpretación ideológica, ni de una polémica artificial, ni de un juicio personal. El dopaje constituye una falta grave que vulnera principios básicos de honestidad, igualdad de condiciones y respeto por las reglas. Son exactamente esos principios los que se supone deben guiar la acción de quienes ejercen funciones públicas.
Lejos de atenuar este antecedente, el hecho de que provenga del deporte de alto rendimiento lo agrava. El deporte de élite se sostiene sobre la confianza pública y el juego limpio. Cuando esa confianza se rompe, el daño es profundo y duradero. Pretender que un antecedente de esta naturaleza carece de relevancia para un cargo ministerial implica relativizar valores que, en otros contextos, usted mismo ha exigido con dureza y sin matices.
Mantener este nombramiento envía una señal inequívoca y preocupante a la ciudadanía: que los estándares éticos son flexibles, que existen dobles criterios según la conveniencia política, y que el discurso de rectitud puede ser ajustado cuando incomoda. Esa señal no solo debilita la credibilidad de su futuro gobierno, sino que instala desde el inicio una contradicción profunda entre lo prometido y lo practicado.
Este reclamo no busca una descalificación personal ni una condena permanente. Es una exigencia institucional y ciudadana. Gobernar no es solo imponer autoridad; también es asumir responsabilidades, reconocer errores y corregir decisiones cuando estas no cumplen con los estándares mínimos que se exigen a quienes administran el poder.
Por estas razones, corresponde una rectificación inmediata y explícita. La permanencia de Natalia Duco en un cargo ministerial no es sostenible desde el punto de vista ético ni político. Su remoción no debe entenderse como una concesión a la presión pública, sino como una decisión coherente con el discurso de orden, consecuencia y autoridad que usted ha levantado como eje de su liderazgo.
Persistir en este nombramiento, pese a los cuestionamientos fundados y evidentes, solo confirmará que el discurso moral es selectivo y que la exigencia ética no es real, sino retórica. La ciudadanía tomará nota de ello desde el primer día.
La ética pública no admite excepciones convenientes ni justificaciones posteriores. La autoridad se ejerce con el ejemplo, no con consignas. Rectificar no es retroceder: es gobernar con coherencia
¿………………….
Además ella como ministro del deporte de Chile -como todos los ministros del deporte- formará parte de la “Agencia Mundial antidopaje” creada el año 1999, con sede en Canadá.
Por otro lado Chile está postulando a los Juegos Olímpicos Juveniles.
……….?