Culpo al viento, a ese viento que respiro peligrosamente entre el perfume ligero de la noche y no me abandona al sigilo de los sueños sin robarme antes los últimos instantes de cordura. Lo culpo de la visible agitación en mi pecho cuando inesperadamente te acercas y me induces sin pesar a los deseos, trazando el camino que sigo sin saber que me atrae y me lleva al mismo tiempo. Lo culpo además de la tibieza de mi desvelo y de todas las palabras que por nadie escribo, cruzando silencios suspendidos entre las miradas que se hablan. Lo culpo que así todo cobra sentido, que así todo comienza, cuando al fin ves mis adentros y dibujas en mis mudos labios un beso delineado con tu dedo. Lo culpo de que tu mano me acaricie creando relieves en el aire y también de que la única realidad cierta sea la que explica mi sonrisa.
Amigo, hasta pronto.
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