A ti, que fuiste extensión de mi piel, de mi alma, prolongación de mi cuerpo, mitad de mi ser, guardián de mis sueños, de mis pensamientos.
A ti..., te escribo, unión perfecta e infinita. Surcador de mis trazos, que sembraste con tus manos océanos rugientes en mi pecho, mar bravío de caricias raudas e inmorales que luchaban por encontrar mi desnudez, oleaje de fuego y pasión que me sacudía con sólo rozarme. Brazos, piernas, manos tuyas enredadas en mi cuerpo, locura candente que navegaban desde mis hombros hasta mi frente, desde mis pies a mi cintura, de mis caderas a mi pelo.
Líneas que parecían hechas para mis líneas, que parecían el molde de mí misma, tus trazos, mis trazos, tu cuerpo y mi cuerpo. Sublime comunión ésta que nos unió en un mismo suspiro, en una misma piel, en un mismo latido.
Amigo, hasta pronto.
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